AMERICAN GANGSTER

8 de Enero de 2008
LO MALO DE HACER UNA PELI DE GÁNGSTERS ES QUE LAS MEJORES YA SE HAN HECHO…AUNQUE SEAS RIDLEY SCOTT.
Esta película tiene muchos números para triunfar en los Oscars de este año a nivel de actores, dirección e incluso algo más.
Pero siento decir que a mí personalmente no ha conseguido seducirme.
Ridley Scott es uno de los grandes, y lo demuestra una película tras otra.
Y no se puede decir que viva de la leyenda de Blade Runner cuando a principios de esta década se curra una de las mejores péliculas bélicas de la Historia del Cine: Black Hawk Down.
Aún después de pastiches como Las Puertas del Cielo sigue disponiendo de un crédito para mí casi ilimitado.
Qué decir del trabajo de Scott en este film? Pues que es impecable. Matemático.
Cuál es el problema entonces? Pues exactamente ése. Ataca una historia que pedía un thriller con una óptica de documental. Actúa con la precisión y distanciamiento emocional propios de un cirujano más que como cineasta.
La frialdad no es una novedad en su cine, más bien una marca de fábrica, lo que ocurre es que trabajar una historia con policías corruptos, narcotraficantes y disparos en la frente a plena luz del día en una calle repleta de gente exige que te ensucies las manos.
De lo contrario al resultado le falta alma. Y eso se detecta en todos los niveles de la producción.
La ambientación en el Harlem de finales de los 60 está cuidada hasta el mínimo detalle. Se adivina una legión de asalariados cuya misión era recrear al milímetro desde una cabina telefónica hasta la tapicería de los coches de la época, pasando por el vestuario, también fantástico.
Pero sigo teniendo el mismo problema: No consigo sentirme empapado de New York años 60/70.
Porqué? No lo sé. Intuyo que la respuesta es la misma que daría un fanático de los Stones o de Hendrix al que preguntan porqué se niega a escuchar Simpathy for the Devil o The Wind Cries Mary en otro formato que no sea vinilo.
La historia tiene alicientes y está contada a buen ritmo, pero tiene el problema de ser la enésima versión de ascensión y caída de un delincuente surgido del fondo que consigue triunfar y acaba consumido por su propia ambición.
Al enfrentarse a un tópico es cuando se necesita ese plus indeterminado de las grandes películas, que ésta, por desgracia, no tiene.
Denzel Washington está como siempre a un gran nivel, pero su actuación adolece de los mismos problemas que la película: Precisión carente de alma.
Y aquí puedo ser más concreto, porque su personaje en Training Day es un ejemplo de equilibrio perfecto entre técnica y carisma, cuando en el caso del gángster Frank Lucas ese equilibrio se decanta claramente hacia la pura técnica actoral.
Russell Crowe me desconcierta. En mi opinión no está a la altura de anteriores trabajos. Desconozco si no se sintió lo suficientemente atraído por el personaje pero su interpretación tiene una falta de intensidad física y emocional impropia de quien considero uno de los grandes de su generación.
Es una buena película, no nos equivoquemos. Ocurre que con esos mimbres uno tenía la esperanza de ver uno de esos trabajos que vuelves a ver año tras año descubriendo nuevas sensaciones con cada nuevo visionado. Y no consigue ser ese tipo de película.
Pero hay que reconocer que era una batalla perdida de antemano porque:
El policía honrado que lucha contra la corrupción entre sus propias filas siempre será Al Pacino en Serpico.
El gángster capaz de abrirle la cabeza a uno de los suyos para dar una lección siempre será Robert DeNiro en Los Intocables.
El retrato generacional del crimen organizado en los 70 siempre será Uno de los Nuestros ( No cito El Padrino porque me parecería injusto comparar cualquier trabajo con LA PELÍCULA)
Y ya a modo muy personal, la película policíaca ambientada en los 60/70 más cool y de puta madre de todos los tiempos siempre será Distrito Apache, con Paul Newman.
Sin más me despido,
David



