Thursday, January 29, 2009

INDIANA JONES Y EL REINO DE LA CALAVERA DE CRISTAL

 

 

 

 

 

 

 

HAY COSAS QUE NO CAMBIAN NUNCA, AUNQUE ENVEJEZCAN…GRACIAS A  LOS DIOSES…Y A STEVEN SPIELBERG
 
Os habéis preguntado alguna vez qué es lo que os lleva a ver una película una y otra vez, sin muestras de agotamiento? Sí, los clásicos, vale…Siempre hay algo nuevo que aprender de las obras maestras, de acuerdo, pero no es a eso a lo que me refiero. Este tipo de pelis de las que os hablo suelen coincidir con clásicos, pero no necesariamente.

 

Son películas con un brillo especial, que a menudo se ve de soslayo, no hablo de películas que te escupen las emociones a la cara queriendo justificar su presupuesto, como la gran mayoría de hoy día. Al contrario, lo que hacen es abrirte los ojos para que lentamente, y no necesariamente en primer plano, vayas descubriendo pistas para encontrar el tesoro en que finalmente se convierten.

 

En mi imaginario cinéfilo personal sobresalen varios títulos: Casablanca, Con la Muerte en los Talones, El Tesoro de Sierra Madre, Horizontes Perdidos, Encuentros en la Tercera Fase, Tiburón, Gunga Dinn, Sólo los Ángeles Tienen Alas…Todos ellos evocan sensaciones similares suscitando un concepto genérico ligado a los mismos orígenes del Cine: El género de aventuras.

Cada generación tiene su Santo Grial del género. Esa película que graba a sangre y fuego con letras mayúsculas la palabra AVENTURA en sus corazones. Una historia que da forma a las ilusiones, esperanzas y al hambre de descubrir lo desconocido que tiene todo aquél que se adentra por primera vez en una sala de butacas y se sienta frente a una pantalla para descubrir qué hay más allá de su cotidianidad.

Poco importa si es real o no. En ese momento de magia lo último que necesitas es que el prestidigitador te descubra la mecánica del truco. Sólo existes tú y una ventana. Tú y una puerta. Y lo único que quieres es cruzarla, no saber de qué madera está construida.

Los que tuvimos la suerte de vivir nuestra infancia a caballo entre los 70 y los 80 tenemos claro que existe una película que debería aparecer en la Wikipedia como definición del término al teclear ”adventure”:

    EN BUSCA DEL ARCA PERDIDA

 

 

  

 

Mi primer recuerdo relacionado con la música se lo debo a mi primo Javi. Él era unos 15 años mayor que yo. Durante un viaje en coche, un Seat 124 si no recuerdo mal, en el verano de 1978 (cálculo aproximado según referentes difusos de mi historia personal) yo estaba agobiado por el calor (pleno agosto y no, el aire acondicionado no era un concepto aplicable por aquél entonces) y él me dijo: “Chaval, abre la guantera y saca ese aparato negro…”. Era un reproductor de  cassettes (un soporte magnético para música que consistía en un cartucho cuyo interior portaba una cinta, me veo obligado a aclarar). “Aprieta esa tecla…y escucha…ya verás !”.

Sonó “Burning Love” de Elvis Presley.  

 

 

 Lo que hasta entonces era un infierno de viaje se tornó en uno de los más vibrantes que recuerdo. De repente estaba en otro mundo y todo lo que me rodeaba parecía formar parte de una sinfonía. Todo encajaba. Hasta entonces había estado sordo y ahora escuchaba por primera vez.

Mi primo
murió un par de años más tarde en un accidente de coche, no tengo muchos recuerdos suyos. Pero el que me legó durante aquél viaje vale por toda una vida.

 

Burning Love con toda seguridad no fué la primera canción que escuché…pero es la primera que recuerdo. 

 

Hay recuerdos de una calidad especial, que brillan como pepitas de oro entre los lodos de la memoria porque conectan directamente con emociones básicas y las llevan a otro nivel hasta entonces nunca experimentado.

 

Ver En Busca del Arca Perdida en 1981 es un diamante de muchos kilates.

En esa época no existía Playstation, Wii , ni siquiera habían aparecido en el Mercado, aunque estaban a punto, los ZX Spectrum y Commodore 64, los primeros ordenadores personales en popularizarse, que podían ser utilizados de plataforma para juegos tan entrañables y a la vez cutres como el Ghosts’n'Goblins. Lo máximo en juegos hasta la fecha era nada menos que el Pong (dos líneas horizontales móviles que hacían rebotar un punto a modo de partido de tenis en una pantalla en blanco y negro), o con suerte Space Invaders o el Pac-man, los dos de la no menos mítica consola Atari.

Con una televisión de dos canales que tampoco eran como para tirar cohetes, el único escapismo audiovisual en condiciones era el Cine. Así pues, tradiciones como invitar a los amigos del colegio al cine por tu cumpleaños eran celebradas como si de la consecución de  una Copa de Europa se tratara.

A una de estas ocasiones debo ver En Busca del Arca Perdida en el mítico cine Metropol de Tarragona. 

Se trata de una vivencia personal, pero si os digo que hubo una época en que las salas de cine tenían una magia especial tengo la sensación de que no nos va a costar entendernos.

Y es que eran días en los que las salas de cine no tenían nada que ver con complejos industriales de entretenimiento, como hoy día. Ahora es difícil discernir si estás entrando en un cine, un Mc Donald’s, un Ikea, o un Mediamarkt. Además están  situadas en lugares desangelados a kilómetros de nada a lo que se le pueda aplicar el apelativo de hogareño. Una vez acabada la proyección te evacúan como si de  detritus se tratase a un deprimente párking en el que lo único bueno que se podría esperar es ver al Doctor Emmett Brown y a Marty Mc Fly huyendo de terroristas en una máquina del tiempo, pero no acaba de pasar nunca, maldita sea!

Las salas que yo recuerdo eran auténticos templos.

Lo fué el ya derruido cine Tarragona, donde en un lejano noviembre de 1977 experimenté a los 5 años  La Guerra de las Galaxias, y lo fué el aún existente , pero ahora teatro reformado, cine Metropol. Ambos tenían magia, pero el Metropol emanaba una sensación particular…misteriosa.

Tenía una entrada casi siniestra. Pasar por taquilla era sólo la primera de las pruebas que se debían superar. Segundo acto: Descender por unas escaleras que daban la sensación de estar penetrando en un inframundo de fantasía. La siguiente etapa consistía en atravesar un pasadizo interminable, mal iluminado, casi un sinuoso túnel, decorado con los carteles de los próximos estrenos como guardianes del Sancta Sanctorum, el patio de butacas, al que se accedía tras una especie de burladero que hacía descubrir la sala de golpe, y que impedía cualquier interrupción al abrir las puertas de la sala a media proyección, algo que hoy día se comete impunemente y debería estar penado con el despellejamiento de la bolsa escrotal.

En una tarde de sábado invernal de 1981, un tal Tejerina, compañero de clase de mi hermano, y cuyo nombre desconozco debido a la tradición de la época de identificarnos por nuestros apellidos, le invitó junto a otros compañeros a celebrar su cumpleaños viendo una peli en el Metropol. Mi hermano aceptó poniendo la condición de que yo asistiese, pues sabía ya entonces de mi pasión por las pelis, nuestro pasatiempo favorito de los sábados por la tarde. Tejerina accedió.

No sabía de qué película se trataba, pero siempre le daba la bienvenida a cualquier oportunidad de disfrutar de aquella maravillosa sala, así que por pura casualidad me encontré sentado en una butaca que aún olía  a El Golpe, Granujas a Todo Ritmo, y a El Bueno, El Feo y El malo, dispuesto a ser sorprendido.

Y fuí sorprendido por la película que redefinió el género de aventuras devolviéndole la calidad y entidad que tuvo en sus orígenes, nada menos.

En la primera escena ya sucede algo mágico: La montaña del logo de la Paramount, una promesa de aventura en sí misma, se convierte en la primera imagen de la saga. Se le añade John Williams creando tensión, y se lee en la pantalla: “Suramérica, 1936″…El resto es Historia.

La Guerra de las Galaxias y En Busca del Arca Perdida consiguieron por sí mismas elevar al Cine, en la particular vivencia de un chaval de 9 años, al status de religión.

Fueron dos puntales, está claro, pero durante los años 80, auque no siempre se llegase al nivel de estas dos obras maestras, se dió una inusitada conjunción astral que creo no se ha vuelto a repetir a lo largo de la Historia del Cine.

Hubo tal explosión de creatividad que desembocó en una auténtica orgía de cine para los amantes de la ciencia-ficción, fantasía y aventuras en general.

Además tal tormenta de imaginación se basó en el talento puro y duro de sus creadores, no fueron los 80 la mejor época en efectos especiales en cuanto a técnica, precisamente.

Sin embargo, en un periodo de 10 años nos fueron regalados títulos como: Blade Runner, Encuentros en la Tercera Fase, Los Goonies, Gremlins, Cazafantasmas, Regreso al Futuro, Tron, Poltergeist, El Imperio Contraataca, El Retorno del Jedi, Indiana Jones y el Templo Maldito, Aliens, Terminator, Cristal Oscuro, Laberinto, La Historia Interminable, Legend, Los Inmortales, Noche de Miedo, Jóvenes Ocultos, El Último Starfighter, Un Hombre Lobo Americano en Londres, Golpe en la Pequeña China, Creepshow, Juegos de Guerra, Huída de Nueva York, Posesión Infernal, Exploradores, House Una casa Alucinante,  La Cosa, Star Trek II: La Ira de Kahn, La Misión…

La que no era una obra maestra, se convertía en título de culto fuera por calidad, originalidad, o freakismo puro y duro.

La saga de Indiana Jones ha tenido altibajos desde entonces, pero siempre ha contado con la ventaja de jugar con una mano ganadora, un poker de ases:

Steven Spielberg - George Lucas - Harrison Ford - John Williams

Que Spielberg es uno de los más grandes está fuera de discusión, te guste más o menos, pero además Indiana Jones es su patio de juegos particular, donde da rienda suelta a todo aquello que de niño le hizo amar el Cine, sin las pretensiones artísticas que le han hecho más mal que bien a lo largo de su carrera.

George Lucas es un caso a parte. Como director fué una supernova. Prometió el Infinito con el corto THX 1138 y lo alcanzó con Star Wars y El Imperio Contraataca. Como productor de Indiana Jones aún estaba en su mejor momento y sólo con esta saga ha mostrado el talento que se le suponía. El resto de su producción, o un replicante es el responsable, o la demencia senil le llegó a los treinta y pocos.

  

 

 

Si viésemos hoy día este corto proyectado en Sundance todos fliparíamos con el director

 

Harrison Ford es un currante del Cine. Sus aptitudes como actor no pasan de bastante correctas, pero se ha convertido en uno de los grandes gracias a su irreprochale capacidad de trabajo, una habilidad como pocas se han visto para la actuación puramente física, y lo más importante: El cabronazo tiene un carisma que no se lo salta ni Sergey Bubka.

 

John Williams es un mago. Haciendo un símil deportivo, cuando surge un equipo que es recordado como mítico una de las piezas fundamentales es ese tipo de jugador que crea de la nada. Por muy intensa que sea la defensa contraria, el genio reconoce patrones que el resto de los mortales no somos capaces de ver y es capaz de colocar el balón en lugares y de maneras inverosímiles. Magic Johnson, Maradona…John Williams
Hacia el final de la producción de Star Wars Lucas hizo un screening para mostrarles a los ejecutivos el producto que estaba a punto de entregarles, aún sin banda sonora. Fué un puto desastre. Hubiera habido suicidios en masa, pero una vez añadida la partitura de Williams se les abrió el cielo.
Nadie ha sido capaz de grabar en nuestra memoria mayor número de fanfarrias y marchas míticas, que son identificadas con la fantasía sin necesidad de ver ni una sola imagen. La de Indiana Jones está en el pódium.

 

Con todo esto en mente me dispuse a degustar este verano la nueva entrega de Indiana Jones.

Dudas, todas las del Mundo. Han pasado casi 20 años, señores. Ni yo soy un niño de 9 años, ni un adolescente de 17 como la última vez.

Mentira.

Conforme finalizaron los trailers de rigor…Logo Paramount que se transforma en imagen de montaña esta vez a modo de guiño, desierto de Nuevo Mexico años 50…siento algo raro, pero todavía no…un comando ruso que rodea un coche frente a ese misterioso almacén en plano cenital, sacan a alguien del maletero pero no se distingue..Eso que huelo son almendras garrapiñadas? No, no, imposible, ya no se comercializan…Rueda el sombrero, alguien lo recoge y mientras se lo pone levanta la mirada…”Rusos…”Joder estamos de verdad en una peli de Indy!…Pero qué coño?! Estoy en el Metropol y vuelvo a tener nueve años de nuevo!!!

A partir de ahí ya nada importa.

No importa que todos los implicados sean venerables ancianos, que el chaval nuevo tenga un déficit de carisma mayúsculo o que el guión se resuelva de forma como poco patillera.

Porque Harrison Ford SIGUE SIENDO Indy a los 66 años! Y dando clases de saber estar a tipos como Johnny Depp y Orlando Bloom.

Porque Spielberg está en plena forma como director de acción, bordando persecuciones, coreografías de peleas y demás.

Porque la sola escucha de la partitura de Williams provoca el viaje temporal.

Porque la fotografía de Janusz Kaminsky es una clase magistral.

Finalmente es tal la cantidad de talento, clase, magia y cariño que se adivina tras esta producción que, con todos sus fallos, supera con creces a la gran mayoría de peliculillas tipo Transformers o Piratas del Caribe que pretenden colarnos hoy día como grandes aventuras.

Yo la disfruté como un niño. Ojalá os pase lo mismo.

Sin más me despido,

David

 

 

 

 

 

 

Posted by DAVID BADIA at 18:31:45
Comments

One Response to “INDIANA JONES Y EL REINO DE LA CALAVERA DE CRISTAL”

  1. Anonymous says:

    Plas, plas, plas…ovación. Post emotivo y nostálgico…monumento a una época.

    La peli, como dices, patina en el desenlace, pero todo lo anterior y además visto en versión original (milagro en Tarragona) pasa muy bien.

    Sí, es un clásico.

    Aaaaaaaaaaaaadios

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