Friday, November 7, 2008

ZODIAC


22 de Enero de 2008


ALFRED HITCHCOCK ESTÁ VIVO, HA PERDIDO 40 KG, LE HA SALIDO ALGO DE PELO Y AHORA LE DA POR LLAMARSE DAVID FINCHER.

Buf! Todavía estoy en tensión después de el visionado de este pedazo de thriller. Bien, quizás tensión no sería la palabra : Punzante curiosidad en inexorable progresión, diría yo…Ni thriller, ya puestos. Intentaré explicarme tan bien como pueda…

Más que un thriller se trata de un híbrido entre las películas de misterio de toda la vida y un documental sobre una ola de crímenes: Agatha Christie más 60 Minutos (o Informe Semanal, como prefiráis)

Pero empezaré hablando de los sentimientos que evoca esta película a nivel de subconsciente cinéfilo e historia personal.

Os remito al periodo entre finales de los 70 y principios de los 80. El panorama televisivo en España a nivel de emisión de cine era un auténtico páramo. Sólo en muy contadas ocasiones surgía un destello de calidad más allá de westerns, bélicas y Los Bingueros.

Recuerdo buenas comedias de Billy Wilder los sábados por la tarde, algunos “estrenos” el sábado noche (aunque se trataba de films estrenados hacía un par de años mínimo).

Pero ante todo recuerdo los viernes por la noche. Una pipa humeante ante la poblada barba de José Luis Balbín, director del programa que moderaba un coloquio al término del pase, y una música aterradora que precedía la emisión de auténticas joyas del cine de los años 70.

Al tratarse de películas que debían suscitar un debate posterior a su emisión, y al ser ésta en la segunda cadena (segunda y última, para que los jóvenes os hagáis una idea de lo que era la época) no estaban sujetas a restricciones demasiado asfixiantes de temática, popularidad, o nivel de entretenimiento. Se daba, de hecho, un fenómeno casi opuesto: El criterio de selección se dejaba intuir al detectar en todas ellas un aroma de controversia y una cierta medida de análisis socio-político.

Para entendernos: Hoy día una película-tipo susceptible de ser emitida por La Clave sería Munich, para mí la obra maestra de Steven Spielberg (un día de éstos me encantaría comentarla).

Como resultado tuvimos la oportunidad de vivir algo casi inaudito en la época: Intelectuales procedentes de varios campos (decir librepensadores sería quizá demasiado osado) lanzando opiniones por las que pocos años antes probablemente hubiesen sido censurados, sino algo peor. Quién sabe, puede que exagere…o puede que no.

Pero al fin y al cabo yo era un crío por aquel entonces, así que los debates me parecían la mayoría un coñazo insufrible, como es natural.

Ah! Sin embargo las pelis…Eran de ésas que te obligan a meterte en su mundo particular. De las que generan vocaciones. Y no me refiero a acabar la peli queriendo pilotar un Spitfire, llegar a la Luna o cabalgar hacia el sol poniente. No hablo de pulsiones efectistas que duraban lo que un subidón de azúcar, ni de películas que se explicaban a los compañeros durante el recreo y estaban vigentes hasta la del siguiente sábado.

Hablo de una sensación que quedaba insertada bajo la piel, latente hasta encontrar una vía de escape posiblemente años más tarde, como un virus
dormido que aprovecha un bajón de defensas para recidivar.

Hablo de ver Todos los Hombres del Presidente y saber que quieres ser periodista, si no explicar historias. Escribir. Narrar lo que vives, o lo que quieres vivir.

Ése es el tipo de mundo en el que te mete Zodiac.

Y ése es el tipo de sensaciones que surgen al verla, dado que relata una historia que tiene mucho que ver con la implicación hasta las últimas consecuencias de los personajes con sus respectivas obsesiones.

Y eso no hubiese llegado a tan buen término con otro director menos meticuloso que David Fincher, porque tratándose de obsesiones es crítica la importancia que se da a los detalles. Y el tipo es un puto entomólogo.

Me ha parecido ver a Hitchcock tratando su película como a un velero en miniatura, blandiendo las pinzas e introduciéndolo con sumo cuidado en una minúscula botella.

El maestro del suspense se sentiría orgulloso (o contrariado si no celoso, vete tú a saber, porque este tío era la leche) al ver cómo Fincher nos expone el misterio de la historia presentándonos las piezas de un puzzle que van encajando una tras otra creando cada una mayor tensión que la anterior.

Pero si la historia hasta tiene su McGuffin hitchcockiano particular!

Y lo cojonudo es que es un giro tramposillo de la historia que al parecer realmente tuvo lugar.(Sin detalles, hay que verla).

Uno ve el ritmo, el montaje y se sorprende. Fincher es uno de mis favoritos, pero todos sus trabajos anteriores si por algo se caracterizan es por un ritmo frenético, una esquematización de planos imposible derivada de su etapa como súperestrella del mundo del vídeoclip, así como por unos movimientos de cámara espectaculares que te hacen cambiar de sala a través de una pared o de una cerradura de la que disfrutas todos los detalles de su mecanismo.

En esta ocasión hace alarde de una sorprendente sobriedad. Se diría que ha rodado sus planos en sets sumergidos en enormes tanques de agua que han ralentizado la exposición de la historia, que no la acción.

El resultado es un storytelling soberbio, de una elegancia exquisita. La acción se desarrolla a un ritmo pausado pero inexorable, implacable como una apisonadora hasta llegar a su demoledora conclusión.

A esto ayuda una recreación de época para quitarse el sombrero, que además en esta ocasión sí que te absorbe. Sin darte cuenta te ves en pleno San Francisco de 1979 investigando el asesinato de un taxista junto a una farola, o en una reunión editorial del Examiner.

Realmente estás ahí.

Si a eso le sumas una recreación de los asesinatos totalmente realista, y un ambiente de lo más fantasmagórico basado en la genial iluminación de todos los escenarios, concluyes que el señor Fincher comunica a la perfección el escalofrío recorriendo la columna vertebral que debía sentir todo hijo de vecino que vivió en esa ciudad durante los hechos relatados.

Cómo encajan los actores en la historia?

Como las piezas del mecanismo de un puto reloj suizo.

Todos y cada uno de ellos resulta en una perfecta sintonía con su personaje.

Robert Downey Jr. es el mejor periodista bohemio, alcohólico y dopado hasta las cejas que un director pueda desear.

Pese a no acabar nunca de aprovechar su tremendo talento tiene tal sobrante de carisma que consigue estar como casi siempre fantástico. Da un poco de rabia, porque es el equivalente al estudiante perezoso pero de gran capacidad que hace lo justo para sacar el curso adelante, pero es lo que hay: El tío es un crack, aunque sea un crápula.

Jake Gyllenhall comunica más con la mirada de lo que la mayoría de las últimas generaciones de actores juntos. Borda el papel de pringadillo que de repente se siente arrastrado por una obsesión incontrolable. (En otro orden de cosas: Hubiese sido el perfecto Peter Parker, versus el pazguato de Tobey McGuire, pero eso es harina de otro costal…)

Para el resto me sirve un comentario general: No acaba de destacar ninguno, pero todos cumplen a la perfección con el espíritu de sus personajes. Señalar que en un reportaje sobre el rodaje se descubren varios de los protagonistas reales de la historia y uno queda impresionado por la concordancia, más de espíritu que física (que también), entre actores y personajes.

Es una lástima que este año Zodiac no se vaya a llevar algún que otro Oscar. Se lo merece con creces, pero aún después de haber cantado sus excelencias reconozco que no es el tipo de peli que funcione para un público amplio, que sumado a una buena promoción entre los jurados es lo que suele acabar dando premios, el que diga lo contrario miente.

Traducido:Creo que es cojonuda, pero ni me extraña ni critico que algunos de vosotros la encontréis hasta aburrida, pues no es una historia cómoda y si no te capta desde el principio el ritmo y el detallismo de la trama pueden llegar a resultar tediosos. Hay que ser realista.

Sin más me despido,

David

Posted by DAVID BADIA at 22:13:42
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