LOS CRÍMENES DE OXFORD

23 de Enero de 2008
LOABLE INTENTO DE ELEVAR EL LISTÓN DEL CINE ESPAÑOL
Si alguien puede hacerlo ése es Álex de la Iglesia.
Personalmente es el único director español (a la espera de ver el debut de Nacho Vigalondo: Los Cronocrímenes) del que me espero algo emocionante y cañero, después de ser decepcionado una y otra vez por Amenábar (lo siento: Abre los Ojos es pólvora mojada, Los Otros es un remake no reconocido aburridísimo y Mar Adentro es un episodio doble de un culebrón venezolano).
Por si alguien se lo pregunta descarto las peliculillas de “terror” de Jaume Balagueró porque lo único angustiante que contienen es la visión de la anoréxica Calista Flockhart.(Sí, incluyo REC, aunque ahora parezca sacrilegio).
Además uno se ve obligado a darle cancha a un tipo simpático porque sí, que hace lo que le sale de los michelines pero mantiene honestidad total para con el espectador y lo que es más importante: Consigo mismo.
Sólo hay que ver o escuchar cualquier entrevista (de las transcritas no me fío nunca) para percatarse de que este hombre es un apasionado del cine y que, habiendo obtenido ya un status que le permitiría, como a compañeros coetáneos, convertirse en una sanguijuela de los media y las subvenciones (oficiales o no) con la única exigencia de mantener cierto nivel de comercialidad, ha decidido hacer exactamente lo que le gusta. Sean cuales sean las consecuencias.
Resultado: Un cine que puede gustar más o menos, puede tener altibajos de calidad, pero que tiene una personalidad indomable.
Este señor va a conseguir grandes cosas.
No desprecio sus trabajos hasta la fecha, todo lo contrario, pero si algo me ha gustado de esta película es la promesa que representa.
Con este trabajo Álex de la Iglesia nos está diciendo que está preparado para jugar en Primera División. Que tiene equipo para, en una o dos temporadas empezar a ganar títulos.
Igual me equivoco, pero diría que entre sus próximas tres películas va a haber mínimo una que haga Historia.
Pero tendrá que elegir con más cuidado la historia que quiere contar, pues la que nos ocupa es ciertamente débil.
Entiendo que se sintiese emocionado con este relato, porque la premisa y el arranque de la trama son fantásticos. Sin embargo, conforme avanza desarrolla la Enfermedad del Best-Seller: Flaccidez argumental paulatina, degeneración progresiva de la verosimilitud en la motivación de los personajes, precipitación y poca atención al detalle en la resolución de la trama. Causa habitual de la muerte: Indignación del lector tras haberse tragado cientos de páginas para encontrarse con un desenlace digno del peor episodio de Colombo.
Luego, la peli es infumable? Nada más lejos. Entonces?
Pues que tiene cosas de las que disfrutar.
Tiene una fantástica fotografía que capta y comunica maravillosamente el ambiente ineludiblemente británico de una historia de misterio de estas características.
Uno de los pasos adelante del director: Un magistral y oportuno manejo del travelling, cuyo cénit es un plano-secuencia digno de Robert Altman.
Esto, unido a una destacable precisión en el encuadre, que permite disfrutar mucho de la actuación en primer plano de alguno de los actores, realmente te hace soportar la endeblez de la trama.
Reproches no achacables a la novela: El casting.
John Hurt es un monstruo. Punto. Se le disfruta.
Leonor Watling una diosa, pero no es su mejor trabajo, está como desubicada, y no tiene feeling con el resto de actores.
Elijah Wood. No voy a hablar de encasillamiento, lo que me jode es que este chaval lo único que sabe hacer como actor es arquear las cejas y poner cara de “creo que me he hecho caquita”.
El actor que hace de matemático ruso freak, desconocido para mí, está genial, muy divertido.
Aparece algún que otro actor con mucho ofício, pero es que en general el problema es que no encajan entre ellos. Como si formasen parte de películas diferentes.
El ejemplo más claro es ver juntos a Elijah Wood y Leonor Watling: Es que casi entra la risa al ver en la escena de cama la desproporción de presencia y carga sexual entre los dos.
Vale la pena verla, pues? Sin duda, aunque sólo sea como inversión a medio plazo para poder disfrutar con los próximos trabajos de Álex de la Iglesia.
Sin más me despido,
David