FORMALMENTE IMPECABLE, CORRECTA EN TODOS SUS TÉRMINOS…SOSA
Si pasas unos días hospitalizado, lo primero que tendrás ganas de hacer al salir (si tus opciones de pasar la noche con Monica Bellucci son las de la mayoría de los mortales = cero) será meterte entre pecho y espalda un buen plato de fabada, una tortilla de bacalao, o un chuletón de buey que desafíe las leyes de la física manteniéndose en el plato.
¿Por qué será, si los dietistas insisten en asegurarte que lo que has ingerido en el hospital mantiene un equilibrio óptimo entre nutrientes y cubre perfectamente todas tus necesidades energéticas, funcionales y estructurales?
Brian Singer es un muy buen director. Tiene una gran elegancia en aspectos básicos como los encuadres y una destacable pero sobria capacidad de storytelling, cualidades ambas que convierten en una experiencia visualmente agradable todo lo que hace.
Su carta de presentación, Sospechosos Habituales (1994), fué el mejor thriller de su época y uno de los mejores de todos los tiempos, en gran medida gracias al soberbio guión de Christopher Mc Quarrie.
En cuanto al resto de su filmografía, Valkiria sería un reflejo bastante fiel de la misma. Mantiene una maestría académica a la hora de explicar la historia, como en Apt Pupil, capta a la perfección el espíritu de los personajes, su mayor virtud al dirigir X- Men, y muestra preocupación por el detalle, como en Superman Returns.
De la misma forma, en esta producción se echa en falta algo muy similar a las anteriores: Un destello de talento más allá de la maestría artesana.
El guión de Mc Quarrie es inapelable, y hay que agrederle la concatenación de procesos acción-reacción sin meandros que eternicen la resolución de la historia, pero no consigue generar uno sólo de los momentos memorables de los que Usual Suspects estaba repleta.
Director y guionista son muy buenos, y además cuentan con un reparto brutal, tremendo en lo secundario (excepción hecha de Kenneth Branagh, que no sé muy bien qué pinta ahí )…Y consiguen lo que a priori resultaba más complicado: Evitar que Tom Cruise se pusiera en modo histérico y dinamitase la producción. Al contrario, el tipo está contenido, y lo único que tenemos que aguantar es su permanente en mitad del desierto. Venga, daños colaterales.
No sé, desde fuera y patilleramente detecto dos cosillas que igual explican que con materia prima de primera no haya salido algo memorable, sólo correcto:
Veo pánico a desatar las iras de alguien que pueda considerar la recreación histórica poco correcta en relación a su visión de lo sucedido en esa época y como consecuencia de evitar a toda costa la polémica se le resta intensidad al producto final.
Por otro lado, la existencia del telefilm alemán Die Stunde der Offiziere, de 2004 relatando exactamente la misma historia me hace sospechar que podemos estar tratando con la extendida epidemia del remake yankee, enfermedad que hasta la fecha no ha hecho más que sodomizar las historias originales.
Viendo esta película y siendo honesto no se puede decir que contenga ni un sólo error de bulto, y la historia es sumamente interesante, pero si estuviese en un japonés al camarero le recordaría que se ha olvidado el wasabi.
INDIANA JONES Y EL REINO DE LA CALAVERA DE CRISTAL
HAY COSAS QUE NO CAMBIAN NUNCA, AUNQUE ENVEJEZCAN…GRACIAS A LOS DIOSES…Y A STEVEN SPIELBERG
Os habéis preguntado alguna vez qué es lo que os lleva a ver una película una y otra vez, sin muestras de agotamiento? Sí, los clásicos, vale…Siempre hay algo nuevo que aprender de las obras maestras, de acuerdo, pero no es a eso a lo que me refiero. Este tipo de pelis de las que os hablo suelen coincidir con clásicos, pero no necesariamente.
Son películas con un brillo especial, que a menudo se ve de soslayo, no hablo de películas que te escupen las emociones a la cara queriendo justificar su presupuesto, como la gran mayoría de hoy día. Al contrario, lo que hacen es abrirte los ojos para que lentamente, y no necesariamente en primer plano, vayas descubriendo pistas para encontrar el tesoro en que finalmente se convierten.
En mi imaginario cinéfilo personal sobresalen varios títulos: Casablanca, Con la Muerte en los Talones, El Tesoro de Sierra Madre, Horizontes Perdidos, Encuentros en la Tercera Fase, Tiburón, Gunga Dinn, Sólo los Ángeles Tienen Alas…Todos ellos evocan sensaciones similares suscitando un concepto genérico ligado a los mismos orígenes del Cine: El género de aventuras.
Cada generación tiene su Santo Grial del género. Esa película que graba a sangre y fuego con letras mayúsculas la palabra AVENTURA en sus corazones. Una historia que da forma a las ilusiones, esperanzas y al hambre de descubrir lo desconocido que tiene todo aquél que se adentra por primera vez en una sala de butacas y se sienta frente a una pantalla para descubrir qué hay más allá de su cotidianidad.
Poco importa si es real o no. En ese momento de magia lo último que necesitas es que el prestidigitador te descubra la mecánica del truco. Sólo existes tú y una ventana. Tú y una puerta. Y lo único que quieres es cruzarla, no saber de qué madera está construida.
Los que tuvimos la suerte de vivir nuestra infancia a caballo entre los 70 y los 80 tenemos claro que existe una película que debería aparecer en la Wikipedia como definición del término al teclear ”adventure”:
EN BUSCA DEL ARCA PERDIDA
Mi primer recuerdo relacionado con la música se lo debo a mi primo Javi. Él era unos 15 años mayor que yo. Durante un viaje en coche, un Seat 124 si no recuerdo mal, en el verano de 1978 (cálculo aproximado según referentes difusos de mi historia personal) yo estaba agobiado por el calor (pleno agosto y no, el aire acondicionado no era un concepto aplicable por aquél entonces) y él me dijo: “Chaval, abre la guantera y saca ese aparato negro…”. Era un reproductor de cassettes (un soporte magnético para música que consistía en un cartucho cuyo interior portaba una cinta, me veo obligado a aclarar). “Aprieta esa tecla…y escucha…ya verás !”.
Sonó “Burning Love” de Elvis Presley.
Lo que hasta entonces era un infierno de viaje se tornó en uno de los más vibrantes que recuerdo. De repente estaba en otro mundo y todo lo que me rodeaba parecía formar parte de una sinfonía. Todo encajaba. Hasta entonces había estado sordo y ahora escuchaba por primera vez.
Mi primomurió un par de años más tarde en un accidente de coche, no tengo muchos recuerdos suyos. Pero el que me legó durante aquél viaje vale por toda una vida.
Burning Love con toda seguridad no fué la primera canción que escuché…pero es la primera que recuerdo.
Hay recuerdos de una calidad especial, que brillan como pepitas de oro entre los lodos de la memoria porque conectan directamente con emociones básicas y las llevan a otro nivel hasta entonces nunca experimentado.
Ver En Busca del Arca Perdida en 1981 es un diamante de muchos kilates.
En esa época no existía Playstation, Wii , ni siquiera habían aparecido en el Mercado, aunque estaban a punto, los ZX Spectrum y Commodore 64, los primeros ordenadores personales en popularizarse, que podían ser utilizados de plataforma para juegos tan entrañables y a la vez cutres como el Ghosts’n'Goblins. Lo máximo en juegos hasta la fecha era nada menos que el Pong (dos líneas horizontales móviles que hacían rebotar un punto a modo de partido de tenis en una pantalla en blanco y negro), o con suerte Space Invaders o el Pac-man, los dos de la no menos mítica consola Atari.
Con una televisión de dos canales que tampoco eran como para tirar cohetes, el único escapismo audiovisual en condiciones era el Cine. Así pues, tradiciones como invitar a los amigos del colegio al cine por tu cumpleaños eran celebradas como si de la consecución de una Copa de Europa se tratara.
A una de estas ocasiones debo ver En Busca del Arca Perdida en el mítico cine Metropol de Tarragona.
Se trata de una vivencia personal, pero si os digo que hubo una época en que las salas de cine tenían una magia especial tengo la sensación de que no nos va a costar entendernos.
Y es que eran días en los que las salas de cine no tenían nada que ver con complejos industriales de entretenimiento, como hoy día. Ahora es difícil discernir si estás entrando en un cine, un Mc Donald’s, un Ikea, o un Mediamarkt. Además están situadas en lugares desangelados a kilómetros de nada a lo que se le pueda aplicar el apelativo de hogareño. Una vez acabada la proyección te evacúan como si de detritus se tratase a un deprimente párking en el que lo único bueno que se podría esperar es ver al Doctor Emmett Brown y a Marty Mc Fly huyendo de terroristas en una máquina del tiempo, pero no acaba de pasar nunca, maldita sea!
Las salas que yo recuerdo eran auténticos templos.
Lo fué el ya derruido cine Tarragona, donde en un lejano noviembre de 1977 experimenté a los 5 años La Guerra de las Galaxias, y lo fué el aún existente , pero ahora teatro reformado, cine Metropol. Ambos tenían magia, pero el Metropol emanaba una sensación particular…misteriosa.
Tenía una entrada casi siniestra. Pasar por taquilla era sólo la primera de las pruebas que se debían superar. Segundo acto: Descender por unas escaleras que daban la sensación de estar penetrando en un inframundo de fantasía. La siguiente etapa consistía en atravesar un pasadizo interminable, mal iluminado, casi un sinuoso túnel, decorado con los carteles de los próximos estrenos como guardianes del Sancta Sanctorum, el patio de butacas, al que se accedía tras una especie de burladero que hacía descubrir la sala de golpe, y que impedía cualquier interrupción al abrir las puertas de la sala a media proyección, algo que hoy día se comete impunemente y debería estar penado con el despellejamiento de la bolsa escrotal.
En una tarde de sábado invernal de 1981, un tal Tejerina, compañero de clase de mi hermano, y cuyo nombre desconozco debido a la tradición de la época de identificarnos por nuestros apellidos, le invitó junto a otros compañeros a celebrar su cumpleaños viendo una peli en el Metropol. Mi hermano aceptó poniendo la condición de que yo asistiese, pues sabía ya entonces de mi pasión por las pelis, nuestro pasatiempo favorito de los sábados por la tarde. Tejerina accedió.
No sabía de qué película se trataba, pero siempre le daba la bienvenida a cualquier oportunidad de disfrutar de aquella maravillosa sala, así que por pura casualidad me encontré sentado en una butaca que aún olía a El Golpe, Granujas a Todo Ritmo, y a El Bueno, El Feo y El malo, dispuesto a ser sorprendido.
Y fuí sorprendido por la película que redefinió el género de aventuras devolviéndole la calidad y entidad que tuvo en sus orígenes, nada menos.
En la primera escena ya sucede algo mágico: La montaña del logo de la Paramount, una promesa de aventura en sí misma, se convierte en la primera imagen de la saga. Se le añade John Williams creando tensión, y se lee en la pantalla: “Suramérica, 1936″…El resto es Historia.
La Guerra de las Galaxias y En Busca del Arca Perdida consiguieron por sí mismas elevar al Cine, en la particular vivencia de un chaval de 9 años, al status de religión.
Fueron dos puntales, está claro, pero durante los años 80, auque no siempre se llegase al nivel de estas dos obras maestras, se dió una inusitada conjunción astral que creo no se ha vuelto a repetir a lo largo de la Historia del Cine.
Hubo tal explosión de creatividad que desembocó en una auténtica orgía de cine para los amantes de la ciencia-ficción, fantasía y aventuras en general.
Además tal tormenta de imaginación se basó en el talento puro y duro de sus creadores, no fueron los 80 la mejor época en efectos especiales en cuanto a técnica, precisamente.
Sin embargo, en un periodo de 10 años nos fueron regalados títulos como: Blade Runner, Encuentros en la Tercera Fase, Los Goonies, Gremlins, Cazafantasmas, Regreso al Futuro, Tron, Poltergeist, El Imperio Contraataca, El Retorno del Jedi, Indiana Jones y el Templo Maldito, Aliens, Terminator, Cristal Oscuro, Laberinto, La Historia Interminable, Legend, Los Inmortales, Noche de Miedo, Jóvenes Ocultos, El Último Starfighter, Un Hombre Lobo Americano en Londres, Golpe en la Pequeña China, Creepshow, Juegos de Guerra, Huída de Nueva York, Posesión Infernal, Exploradores, House Una casa Alucinante, La Cosa, Star Trek II: La Ira de Kahn, La Misión…
La que no era una obra maestra, se convertía en título de culto fuera por calidad, originalidad, o freakismo puro y duro.
La saga de Indiana Jones ha tenido altibajos desde entonces, pero siempre ha contado con la ventaja de jugar con una mano ganadora, un poker de ases:
Steven Spielberg - George Lucas - Harrison Ford - John Williams
Que Spielberg es uno de los más grandes está fuera de discusión, te guste más o menos, pero además Indiana Jones es su patio de juegos particular, donde da rienda suelta a todo aquello que de niño le hizo amar el Cine, sin las pretensiones artísticas que le han hecho más mal que bien a lo largo de su carrera.
George Lucas es un caso a parte. Como director fué una supernova. Prometió el Infinito con el corto THX 1138 y lo alcanzó con Star Wars y El Imperio Contraataca. Como productor de Indiana Jones aún estaba en su mejor momento y sólo con esta saga ha mostrado el talento que se le suponía. El resto de su producción, o un replicante es el responsable, o la demencia senil le llegó a los treinta y pocos.
Si viésemos hoy día este corto proyectado en Sundance todos fliparíamos con el director
Harrison Ford es un currante del Cine. Sus aptitudes como actor no pasan de bastante correctas, pero se ha convertido en uno de los grandes gracias a su irreprochale capacidad de trabajo, una habilidad como pocas se han visto para la actuación puramente física, y lo más importante: El cabronazo tiene un carisma que no se lo salta ni Sergey Bubka.
John Williams es un mago. Haciendo un símil deportivo, cuando surge un equipo que es recordado como mítico una de las piezas fundamentales es ese tipo de jugador que crea de la nada. Por muy intensa que sea la defensa contraria, el genio reconoce patrones que el resto de los mortales no somos capaces de ver y es capaz de colocar el balón en lugares y de maneras inverosímiles. Magic Johnson, Maradona…John Williams
Hacia el final de la producción de Star Wars Lucas hizo un screening para mostrarles a los ejecutivos el producto que estaba a punto de entregarles, aún sin banda sonora. Fué un puto desastre. Hubiera habido suicidios en masa, pero una vez añadida la partitura de Williams se les abrió el cielo.
Nadie ha sido capaz de grabar en nuestra memoria mayor número de fanfarrias y marchas míticas, que son identificadas con la fantasía sin necesidad de ver ni una sola imagen. La de Indiana Jones está en el pódium.
Con todo esto en mente me dispuse a degustar este verano la nueva entrega de Indiana Jones.
Dudas, todas las del Mundo. Han pasado casi 20 años, señores. Ni yo soy un niño de 9 años, ni un adolescente de 17 como la última vez.
Mentira.
Conforme finalizaron los trailers de rigor…Logo Paramount que se transforma en imagen de montaña esta vez a modo de guiño, desierto de Nuevo Mexico años 50…siento algo raro, pero todavía no…un comando ruso que rodea un coche frente a ese misterioso almacén en plano cenital, sacan a alguien del maletero pero no se distingue..Eso que huelo son almendras garrapiñadas? No, no, imposible, ya no se comercializan…Rueda el sombrero, alguien lo recoge y mientras se lo pone levanta la mirada…”Rusos…”Joder estamos de verdad en una peli de Indy!…Pero qué coño?! Estoy en el Metropol y vuelvo a tener nueve años de nuevo!!!
A partir de ahí ya nada importa.
No importa que todos los implicados sean venerables ancianos, que el chaval nuevo tenga un déficit de carisma mayúsculo o que el guión se resuelva de forma como poco patillera.
Porque Harrison Ford SIGUE SIENDO Indy a los 66 años! Y dando clases de saber estar a tipos como Johnny Depp y Orlando Bloom.
Porque Spielberg está en plena forma como director de acción, bordando persecuciones, coreografías de peleas y demás.
Porque la sola escucha de la partitura de Williams provoca el viaje temporal.
Porque la fotografía de Janusz Kaminsky es una clase magistral.
Finalmente es tal la cantidad de talento, clase, magia y cariño que se adivina tras esta producción que, con todos sus fallos, supera con creces a la gran mayoría de peliculillas tipo Transformers o Piratas del Caribe que pretenden colarnos hoy día como grandes aventuras.
Yo la disfruté como un niño. Ojalá os pase lo mismo.
ES DIFÍCIL LIBRARSE DE LOS PREJUICIOS, PERO SI LO CONSIGUES EL CINE AÚN PUEDE SACARSE ALGÚN QUE OTRO AS DE LA MANGA.
Resulta curioso (y un alivio) comprobar que cuando menos te lo esperas, por muy agria que sea la previsión, una peli te puede alegrar la tarde.
Decir que me he presentado a visionar esta peli con una carga importante de escepticismo es como decir que Grace Kelly tenía cierto atractivo.
Para ser sincero, no hubiese ido a verla de motu proprio sin tener una concentración casi letal de opiáceos en sangre, de no ser por uno de esos episodios de hastío existencial que rebajan a mínimos el criterio de vez en cuando.
Pues sorpresa mayúscula , oiga.
A ver, ésto pide puntualización y acotación para tener claro de qué nivel estamos hablando.
No es Casablanca, ni de muy lejos. La suela de los zapatos de Bogart es inalcanzable para The Spirit, entendedme. Hasta ahí ninguna sorpresa. Lo destacable es que no es el esputo de Satanás con el que uno espera encontrarse teniendo en cuenta el precedente de Sin City.
La adaptación de su novela gráfica, dirigida a medias con Robert Rodríguez, puede resultar el primero de los clavos en el ataúd como director de Frank Miller, pero Spirit no es el segundo.
Frank Miller, el autor de cómics, siempre ha comido a parte del resto de la manada. Para bien y para mal.
Frank “si es que ya se ve que muy estable no estoy” Miller
Comenzó en Marvel Comics Group, como se llamaba entonces la editorial, dibujando episodios sueltos de Spiderman en 1979. Su trabajo, más que correcto, convenció a Jim Shooter, el editor jefe, para acceder a la petición de aquel chavalillo de 22 años de convertirse en el sucesor de uno de los dibujantes con más solera de la casa, Gene Colan, al frente de una serie que había conocido días mejores: Daredevil.
Con el inicio de la década de los 80, se convirtió en autor completo de la serie, convirtiéndola en un clásico moderno e iniciando, tanto a nivel gráfico como argumental, un viraje hacia la oscuridad que se extendió por el mundo del cómic y alcanzó su punto álgido al inicio de los 90.
En 1986 publicó en DC Comics la historia: Batman: The Dark Knight Returns, que junto a Watchmen de Alan Moore y Dave Gibbons supuso la deconstrucción del concepto “super-héroe” que había dominado la industria del cómic norteamericano durante 25 años.
A partir de ahí, inició una etapa de investigación, remodelando constantemente su estilo, convirtiendo la utilización de diversas técnicas de claroscuro en un elemento argumental, trascendiendo el plano gráfico.
A la vez que evolucionaba su dibujo, la olla se le fué desbordando paulatinamente. Sus argumentos fueron derivando de oscuros a geniales, pasando por revolucionarios…y finalmente se convirtieron en vómitos de ornitorrinco borracho, como cuando hace pocos años intentó colar una infumable segunda parte de Dark Knight Returns, o al repetir obsesivamente los mismos plots en sucesivas miniseries de Sin City, su personal delirio megalomaníaco.
Resumiendo: Genio chalado o zumbado genial, la cuestión es que el tipo es capaz de lo mejor y de lo peor.
Pues me da igual lo que digan las hordas de críticos fundamentalistas que sufren urticaria avanzada porque un autor de cómic tenga la osadía de creerse director de cine.
Frank Miller, director de cine, en su primera película en solitario ha conseguido hacerme pasar una tarde entretenida.
Y éso, amigos fariseos de Hollywood, no era una de las funciones básicas del Cine???
EN-TRE-TE-NER !!!!
Algo que ahora mismo me cuesta recordar la última peli que lo consiguió, sin tener que estar pendiente de nada más…Si cuadra o no la adaptación de un personaje, si los efectos especiales son para tapar la falta de capacidad de storytelling, si la estrellita de turno se preocupa más de dar el perfil bueno que de ceñirse al personaje, si el guión tiene más agujeros que los primeros gallumbos de Fernán Gómez debido a que la productora ha metido mano para que el resultado sea más comercial y políticamente correcto…
Pues Spirit no tiene ninguno de esos problemas, y si los tiene, consigue que no tengan la menor importancia, porque utiliza una fórmula genial: Pretensiones+Tomarse en serio a sí mismos = 0
Todo ésto se lo pasa la crítica y la industria por el arco de triunfo, cuando les plantan delante una peli que se toma sus licencias…y dirigida por un dibujante de cómics, por Dios Santo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!…les falta tiempo par escupir veneno.
Me he divertido, he flipado con sus propuestas estéticas, y me he reído a mandíbula batiente con la sacrílega encarnación que hace Samuel Jackson del villano Octopus. Sobretodo imaginando a los popes del cómic escupiendo sapos y culebras al ver la ida de la olla de ambos, actor y director al inventarse literalmente al personaje (en los cómics sólo aparecían sus guantes dándole un halo de misterio) y convertirlo en una alucinación de ácido de los 60.
Sí se le puede echar en cara que el claroscuro que caracterizaba Spirit, nacido de la traslación del cine negro de los 40 directamente a las páginas de cómic es totalmente diferente del utilizado en la peli, más relacionado con el pop art y la psicodelia.
Tampoco me convencen los monólogos grandilocuentes del protagonista, típicos de la obra de Miller, pero que poco tienen que ver con la esencia de Spirit.
Pecata minuta, teniendo en cuenta que el resultado final cumple la premisa básica de captar el espíritu del cómic, que fué desde su origen una historia camp, divertida, misógina y estéticamente rompedora.
En definitiva, una historia ligera, que se convirtió en un clásico fundamentalmente por el talento gráfico de uno de los pilares del cómic, lo único que es imposible plasmar en la pantalla y, por tanto, no achacable a esta adaptación.
El Maestro Will Eisner
No permitáis que os engañen esos amargados en su torre de marfil: Esta peli es DIVERSIÓN.
Muy conseguida la conjunción de riff sincopado guitarrero del hermano rarito de White Stripes y el piano aterciopelado de esa diosa en la Tierra que es Alicia Keys. Ella le dobla el talento, pero Jack White se defiende bastante bien.
Ya. Lo siento. Es todo lo bueno que puedo decir de esta peli.
De verdad que tenía ganas de que fuese buena. De hecho, me hubiese conformado con que fuese ni chicha ni limoná. Aún bajo la influencia de ese trabajo casi redondo que es Casino Royale no me hubiese importado, se habían ganado cancha a pulso.
Cada vez me cuesta más entrarle a trabajos tan deficientes, pero el rollo “alguien tiene que hacer el trabajo sucio” es justo y necesario.
Qué queréis que os diga…Casino Royale constituyó una promesa: “Ahora vamos a hacerlo bien, gente, en serio!” .”Sabemos que la franquicia Bond se ha autosodomizado durante los últimos diez años y lo vamos a arreglar”.”Somos conscientes de los errores cometidos y estamos sentando las bases de una nueva mitología que va a poner las cosas en su sitio y a esta serie donde se merece”.
Y lo consiguieron. Primer tanto: Cásting de Daniel Craig.
Daniel “Te mato y me bajo a desayunar” Craig
Cómo? Un James Bond rubio, con nariz de boxeador y cara de gángster?
Bueno, si analizamos el personaje: El agente 007 es un asesino frío como el hielo, despiadado, alcohólico (va, pensad en lo primero que hace cada vez que entra en una habitación) y que a la única mujer que respeta es a “M” porque sabe que puede programar su eliminación en cualquier momento.
Bien, la mirada de Craig es fría como la que te lanzaría una ex-novia que te pilló haciendo un trío con su hermana y su madre encima del edredón que comprásteis juntos en Ikea al cruzártela en un centro comercial.
Apuñala hasta desangrar a sus objetivos como quien se ata los cordones y elimina tipos con un tiro entre los ojos con la cara que cualquiera pondríamos al planchar una camisa.
Hombre, no es el mejor alcohólico que he visto en pantalla, pero teniendo en cuenta que es un agente secreto y no puede derrumbarse así como así, comunica bastante bien la ansiedad por una copa y el relax al conseguirla.
En cuanto a féminas, cómo decirlo para resultar políticamente correcto…No, es imposible. Siguiendo con la misma línea de símiles, se las merienda como quien se toma un arroz con leche de postre y piensa:”Bueh, por euro y medio no está mal, pero mañana me pillo unas natillas…”. Hasta que encuentra una que considera está a su altura, se enamora, y es traicionado por ella, así que su misoginia pasa de verlas como kleenex a verlas como putas barriobajeras.
Correcto. Con motivos o sin ellos me da igual. El personaje de James Bond no es un canalla simpatiquete que cae bien. Es un hijoputa de primera división. Se mire como se mire. Y Daniel Craig se ajusta a ese perfil mucho mejor que cualquiera de los anteriores portadores de la Walther PPK con silenciador.
Segundo tanto: Cásting de Eva Green.
Eva “Mirada magmática” Green
No sólo es preciosa. Es la Lois Lane de James Bond. La mujer que atraviesa la coraza, y llega al gélido corazón del asesino “badass”. Y lo consigue no a base de lucir escote( que podría), sino con su mirada indiferente, sus afiladas frases y mucha, mucha….mucha clase.
Además tienen una química cojonuda. La escena del encuentro en el tren es fantástica. Parece guionizada por Woody Allen y dirigida por Hitchcock.
El guión funciona a base de un auténtico mecanismo de relojería que lleva la acción de un punto a otro de la trama de forma ordenada, lógica y elegante.
Paso por paso te convence el realismo glamouroso de ambientes y personajes cumpliendo con la premisa de que es una peli de Bond, no un thriller de espionaje realista como la Saga Bourne. Se trata de una historia entre casinos y yatacos con helipuerto, no de operaciones encubiertas de la CIA, pero en ningún momento traspasa los límites del ridículo.
Precisamente las escenas de peleas y persecuciones se ven acertadamente influenciadas por las de la Saga Bourne, dándoles una dimensión física rayando los límites del realismo pero aún así sobrias, consecuentes y con una intensidad emocional post-secuencia que no suele verse en el cine (pienso en la pelea a machete en las escaleras que acaba con Bond y Vesper abrazados vestidos bajo la ducha, uno sangrando y la otra tiritando).
La guinda del pastel es el desenlace de la historia que coloca a Bond en el origen de la definición del personaje tal como lo conocemos. Todo el background establecido y preparado para generar historias como la que se acaba de estrenar.
Mismos guionistas, director nuevo, pero de solvencia contrastada (Finding Neverland, Monster’s Ball, The Kite Runner)…todo debería funcionar.
Pues lo siento, pero me ha dejado con la sensación de cagar pastoso y quedarme sin papel higiénico. Es decir: “Cómo ha podido pasar, cómo se ha llegado a ésto?!”.
Aaay, por dónde empezar? No sé, elegid cualquier punto de la peli: Los planes del malvado maloso de turno? Venga: No, antes mirad éste clip de dos minutos y luego os cuento los planes del malo de la peli…Va, que luego entenderéis el porqué:
Ésto es una parodia de los malos de 007 de la serie antes de su reciente lavado de cara, de acuerdo. El Dr. Maligno pide como pago para no destruir la Tierra un millón de dólares sin percatarse de lo ridículo de la cantidad si hablamos en términos de megalomanía. Este perfil de villano camp después de Casino Royale convendremos que parecía superado, derivando más a tipologías del palo Hannibal Lecter o John Doe (el personaje de Kevin Spacey en Se7en). Señoras y señores el villano de Quantum of Solace aspira nada más y nada menos …
ALERTA DE SPOILER
…A dejar sin agua a los campesinos de Bolivia!!!!!!!!!!!BWAAAAHAHAHAHAHAHAHAAA!!!!
Si es que no hay más que verle, pobre tipejo, gritando como una niña pecosa con trenzas durante la “lucha final” con Bond. De vergüenza ajena, de verdad, ruborizante. Patético.
Más: Las coreografías de las peleas y persecuciones están echadas a perder por un montaje infame, speedico en exceso, que aborta toda posibiliddad de seguir la acción.
Y ésto es especialmente grave, porque se percibe claramente que se trata de un trabajo de gran calidad y riesgo a nivel de dobles de secuencias peligrosas (de hecho al parecer falleció uno de ellos durante el rodaje) que se ve reducido a la mínima expresión por unos cortes ejecutados de la forma más torpe.
Sigo: personajes secundarios que dejaban entrever una creciente entidad en futuras pelis, como son el inspector Mathis y el agente de la CIA Felix Leiter tienen una participación casi anecdótica, fusilando así parte del background cuidadosamente construido en la primera película de esta nueva serie.
Acabo: Los caracteres femeninos de Quantum of Solace son tan vacíos, sus motivaciones tan transparentes e inocuas en contraposición a la contundencia de Vesper en Casino Royale, que no pasan de modelo de pasarela o secretaria del 1,2,3.
Son gaseosa y Vesper era Dom Pérignon Rosé.
Finalmente se trata de gustos y seguro que a varios de vosotros os gustará sin reservas. Todo depende de qué le pidas.
Seguro que si rebuscáis entre cartas de antiguas relaciones y os atrevéis a echarle un vistazo a esos recuerdos que un buen día decidísteis enterrar en el lugar de más difícil acceso de vuestra memoria, debido a heridas que nunca acaban de cicatrizar, encontraréis antes o después un momento en que una antigua amistad pasó sin previo aviso a importaros más que de costumbre.
Ser conscientes del hecho suele ser simultáneo (y cuando no lo es es que estás en una peli de Woody Allen….preocúpate, chaval, preocúpate…a no ser que aparezca en ella Scarlett Johansson entonces sal y disfruta, como decía Johan Cruyff…ntchs, ya estoy divagando) Bien, inmediatamente después en el horizonte aparece una primera cita, en la que se invierten esperanzas, energía emocional…se mitifica, en definitiva, porque ambos pensáis que tener un rollete con una amistad tiene que ser genial, no? A ver: Os conocéis perfectamente, sabéis de qué pie cojeáis cada uno y, por tanto, hasta dónde podéis llegar en cada situación. Es decir, tiene que ir como la seda, no?……..no???………Y resulta que no.
Venga, si se veía venir, no os hagáis los sorprendidos.
“Pero…cómo puede ser????? Si….si….estaba escrito que saltarían chispas!”
Recordáis esa sensación de decepción, sorpresa, incredulidad?
Ok, pues la acabo de revivir esta tarde viendo Red de Mentiras.
Comórrrl? Que Ridley “El Puto Amo” Scott ha hecho una peli mediocre? No pué ser! Nnnda ya!
Pues oye, mira…que sí.
Y tampoco hay para tanto. Kingdom of Heaven no era mediocre, era directamente mala, y tampoco explotó el Mundo ni nada, no? Pues yastá, hombre, que esto es cine, que no pasa ná.
A ver, a ver…Perooo, qué le pasa a la peli???
Pues mira, le pasa lo mismo que a Kingdom of Heaven, pero con otro nombre! En la peli sobre las cruzadas el nombre de la tragedia era Orlando Bloom, y en la que nos ocupa:
LEONARDO DICAPRIO
Añádase efecto de sonido de trueno e imagínese la audiencia el careto del susodicho súbitamente iluminado por un relámpago en plena noche de tormenta mientras se oye una maligna carcajada de fondo…
Hablaríamos de carreras paralelas? Puede ser, ya se verá con los años.
Se puede empezar la carrera como actor con un trabajo notable y, a partir de ahí encadenar un petardo tras otro?
Veamos, este señor allá por 1995 hizo un papelón como poeta yonki adolescente en The Basketball Diaries. Teniendo en cuenta su edad e inexperiencia se le adivinaba un talento a nivel de los más grandes de la historia de la profesión, peeeero…A partir de entonces ha fusilado literalmente la gran mayoría de las películas en que ha participado (contadas excepciones quizá Romeo + Juliet de Baz Luhrmann y Blood Diamond) poniendo la misma cara de eterno adolescente con las dos variaciones que paso a relatar:
Cara nº1.- Es la que ponía mi sobrino en un momento muy determinado de su existencia, a los 10 meses de vida, cuando estaba entre a disgusto, cabreado con el Mundo y haciendo fuerza para soltar el truñete de turno.
Cara nº2.- Es la que ponía después de soltarlo, de alegría y bienestar desbordantes al comprobar con alivio que se le limpiaba el trasero.
Y cómo se ha cargado tan prometedores inicios? A mi humilde entender por dos motivos, el primero de los cuales lleva irremediablemente al segundo: Se convirtió en un ídolo de adolescentes demasiado pronto, y sintiéndose demasiado cómodo con ello, lo cual truncó su evolución como actor (igual que la evolución como futbolista de Julen Guerrero al quedarse en su club de origen).
El resultado de no seguir investigando registros fué quedar encasillado en un único papel que repite incesantemente peli tras peli.
El papel (esto lo cito de un coleguilla) es el siguiente: Tipo torturado al que la Vida apalea y al final muere.
Bueno, en algunas no muere, pero en las que sí…oye, que me quedo más en paz conmigo mismo, no sé porqué.
Concluyo pues, que Leonardo DiCaprio tiene la capacidad como actor de un niño de 10 meses, pero con menos registros.Y con mi sobrino además podía jugar al “Ahora estoy, ahora no” durante horas.
Sé lo que estáis pensando…lo sé…Una peli con Elijah Wood y DiCaprio sería penetrar en el último círculo del Infierno: “Creo Que Me He Hecho Caquita” contra “Me Enfado Con El Mundo Porque No Me Acaba De Salir El Truñete Por Mucho Que Me Esfuerce”….esperemos que no se les encienda la bombilla…
Es decir, que sólo sabe hacer de él mismo. Y mira que hay actores a lo largo de la historia del cine que han fundamentado su carrera en éso: Steve McQueen, Humphrey Bogart, y James Dean, que se me ocurran ahora.
Pequeña diferencia: Dos toneladas de carisma que le faltan a este chaval eternamente a medio hacer. Ocurre que el maldito roedor ha tenido la estrella de ser arropado por padrinos de la talla de Robert DeNiro, James Cameron, Steven Spielberg y Martin Scorsese, nada menos. Qué vieron en él? No lo sé, pero si Bush ganó las elecciones a mí ya casi nada me sorprende.
Reconozco que me indigno, pero es que…vamos a ver, si se ve que el individuo es perjudicial para el Cine, especialmente para el cine de Scorsese, que le ha convertido en su actor fetiche pese a haberse cargado él solito varias de sus pelis.
Dos muestras, dos botones: El Aviador e Infiltrados. Dos peazo de peliculones como dos castillos…si se pudiera eliminar el careto del DiCaprio fotograma a fotograma!
En El Aviador Scorsese realiza un trabajo de ponerse de rodillas a todos los niveles, pero justo cuando te metes en ambiente aparece el amiguete para recordarte que es a ÉL a quien estás viendo, y no a Howard Hugues, con lo que la magia del invento se desvanece. En Infiltrados cuarto y mitá de lo mismo, todo el elenco está que se sale y te meten en faena, hasta que ñaca!…el carapandekilo aparece “holaaa, que soy el Leeeooo”…Argh.
Y lo siento mucho pero el intento de ponerle barba de chivo y llenarle la cara de tiritas para que parezca más curtido y disimular la cara niñato-pan de kilo no cuela de ninguna manera.
Si a ésto le sumas que Russell Crowe está en un estado de forma que ya empieza a ser preocupante a nivel de actuación (de físico supongo que se recuperará), porque ya en American Gangster estaba flojito, pero es que aquí ya es alarmante que un tío con su talento base el personaje en un gesto (mirar por encima de las gafas y luego subírselas) que repita hasta llegar a resultar irritante…
Sigues con la suma de una temática cuanto menos cuestionable, un guión lleno de agujeros y lagunas de credibilidad, y la cierras con un ritmo totalmente falto de momentos de tensión (en un thriller!!!), pese a contener escenas de salvaje tortura…
Pues el resultado es una peli aburrida y mediocre. Es lo que hay. Ya vendrán tiempos mejores.
Haciendo honor a la breve pero intensa tradición de servicio de Badias de Cine, me veo obligado a romper un silencio de meses, debido a un rastrero acceso de pereza, por una causa de fuerza mayor.
Acabo de ver una película que ha conseguido crear en mi interior un sentimiento tal de desazón y alarma ante la posibilidad de que semejante engendro sea visionado por alguno de mis seres queridos que he sido empujado a emitir el siguiente comunicado:
HUID, INSENSATOS!
CORRED COMO EL VIENTO.
SALVÁOS, AQUÉLLOS QUE NO LA HAYÁIS VISTO AÚN.
Los pobres desgraciados que hemos caído en sus malintencionadas redes deberemos ser recluidos en una prisión de máxima seguridad situada en un lugar indeterminado del Pacífico, imposible de encontrar. Entiendo que, dada su distribución internacional, no sería viable el exterminio de los infectados (creedme cuando os digo que sería un acto de humanidad), pero la incomunicación permanente resultará ineludible si queremos cortar de raíz la posibilidad de que la plaga se extienda aún más.
Los gobiernos de los paises afectados deberán actuar con celeridad y contundencia pues es un destructor de mundos a lo que nos enfentamos.
Si crece lo suficiente: Armageddon, Ragnarok, el Día del Juicio…El fin de todo lo que existe….
Exagero? Veamos….
Para empezar dejadme presentaros a Edward Davis Wood Jr.
A este adorable amante de los sujetadores con forma cónica y las pelucas, ocasional pornógrafo furtivo, y precursor del cine indie nacido en el cachondo pueblo de Poughkeepsie, New York, en 1924, se le acusa con desprecio de haber escrito, producido y dirigido la peor película de la Historia del Cine: Plan 9 From Outer Space.
…A eso digo NO!!!….bueno, sí…No, maldita sea, NO!
Zombies, platillos volantes, vampiros, aliens y escotes insondables rollo vampirela…Qué se puede pedir más!?
No, en serio, es una peli patética…pero ni de lejos la peor de la Historia. Porqué? Debido a su sinceridad de planteamiento y al hecho de que asume con todas las consecuencias que desde el principio hasta el final será una peli de presupuesto ínfimo, medios ridículos, argumento incalificable consistente en una empanadilla rellena de absolutamente todos las ramas del cine fantástico de los 50 y un guión tan malo que su lectura provocaría desprendimiento de retina y diarrea.
Es posible que Ed el Travesti en su locura pretendiese hacer algo digno, pero estoy convencido de que sabía que se estaba engañando a sí mismo y os remito al enooorme biopic Ed Wood, de Tim Burton con Johnny Depp en uno de sus mejores papeles para comprobarlo (y disfrutarlo) por vosotros mismos.
Ahí reside su inestimable encanto. Eddie el Masca-almohadas era consciente de estar haciendo una monumental oda al kitsch, y aún así llegó hasta el final con toda la pasión de la que era capaz.
Pues amigos, os hablo ahora del reflejo malvado en el espejo de Plan 9 from Outer Space.
Todo lo que era naif se convierte en insufriblemente pretencioso.
Y lo malo es que al principio engaña, porque se muestra como un guiño precisamente al cine de género de los 50 con el típico planteamiento de pueblo amenazado por monstruos del espacio exterior (en este caso de otra dimensión).
Hasta ahí bien, correcto, si actúas en consecuencia y te tiras a la piscina de la complicidad con el espectador y de la diversión pura y dura.
Pero nooooo, ocurre que yo soy Frank Darabont, autor de la prestigiosísima Cadena Perpetua y la bastante apreciada La Milla Verde (dos pedazo de truños a mi humilde entender que impelerían al más valiente a consultar su esperanza de vida a todo tipo de profesionales de la Medicina, si los descubriese en su taza de water tras una expulsión aparentemente rutinaria)….
¡¡¡¿¿¿Cómo, en el nombre de Dios, voy a rebajarme a parir una serie B pure fun???!!! (sin recordar que en sus inicios maquinó cosas como La Mosca II, por ejemplo, que la memoria es lábil cuando así nos conviene, Frankie!)……Esto tengo que arreglarlo!
De repente la peli se convierte en un análisis sociológico de cómo reacciona una comunidad ante una amenaza desconocida y cuando se les arrebatan los mínimos para la supervivencia que se dan por sentados, de la destrucción paulatina de las bases de la convivencia…..Y eso me parecería cojonudo!!!!!!!…No iría a verlo ni harto de diazepam, pero me parecería cojonudo!!!!
PERO ENTONCES SÉ SINCERO Y PLANTÉALO ASÍ DESDE EL PRINCIPIO, MELÓN!!!!!!!!!
Pues no, lo que hace es vestirlo con la parafernalia más freak y gore de que es capaz gastándose ni se sabe en efectos digitales para intentar colarlo como peli de género, porque es perfectamente consciente de que, de no ser así, no va a ir a verla ni su tío Cletus como agradecimiento por haberle donado un riñón.
Todo lo que era pasión y artesanía cutre se convierte en hastío y rutina infográfica.
Porque los efectos no pasan de ahí, eh? Pura rutina.
Lo más grave: Todo lo que era candor e inconexa prosa de fogueo se convierte en veneno de mamba negra o Federico Jiménez Losantos vomitando sobre la condición humana y haciendo una apología poco velada del conformismo como modo de vida.
Aparentemente parodia la actitud de “Arrepentíos, pecadores!”, pero en realidad la inserta a modo de moraleja de la historia, con un final que derrapa ocho pueblos dentro de los límites de la pornografía emocional, y como mi pretensión es que no la veáis os explico el final: El protagonista acaba disparando a la cabeza de los supervivientes, incluido su propio hijo, con el fin de que no mueran devorados por las bestias, acabándose la munición justo para impedirle el suicidio y para descubrir que la ayuda del ejército estaba a escasos segundos de aparecer….
Ante eso, sólo me queda una cosa que decir:
Frank Darabont (y/o Stephen King, que no he leído el relato y no sé si es fiel o no), así se os caiga la picha a trozos entre estertores de dolor.
De los actores sólo me atrevo a decir que se trata de un trabajo alimentício para ser excesivamente generoso. No voy a echar sal en las heridas porque todos son secundarios de medio pelo que tampoco hacen alarde de ninguna pretensión artística, ni se van a hacer ricos con la peli, así que absueltos sean.
Soy consciente de haber sido desagradable y haber roto la regla de oro de los finales de películas, pero tras leer buenas críticas de esta peli he pensado que alguien tenía que hacer el trabajo sucio.
Bueno, ya que os habéis quedado a gusto, en las siguientes líneas intentaré convenceros de que son gigantes lo que tengo ante mí, pese a saber positivamente que no lo conseguiré.
Voy a poner las cartas sobre la mesa desde el principio, no quiero que nadie se sienta engañado: Os hablo de una película basada en una falsa grabación de aficionado (si llega) con una cámara de vídeo doméstica.
A los valientes u oligofrénicos empezaré dándoles un nombre que deben grabar en su memoria a sangre y fuego para entender el cine fantástico de la próxima década: J. J. ABRAMS.
J.J.Abrams preguntándole a George Lucas cómo se fusila una trilogía
Ni siquiera es el director; se trata del productor de la criatura, pero el alma mater al fin y al cabo.
Pero de dónde me saco tan osada afirmación sobre su inmediato futuro? Os lo explicaré, lo prometo, pero antes os contaré una de mis batallitas (veeenga, si en el fondo os guuustan!):
Dejadme que os hable de un joven de 12 años que pasaba su tiempo libre grabando películas caseras escritas por él mismo y, no contento con ello, las exhibía ante sus amiguetes y vecinos cobrando 25 centavos la entrada y convenciendo a su hermana para que vendiese palomitas durante la proyección.
Pasó el tiempo y su afición le llevó a conseguir un puesto de becario en la rama de TV de la Universal. Tras mucha constancia y alguna triquiñuela que otra consiguió que casi por pena le diesen un par de episodios de seriales que impresionaron a los jefazos, los cuales le encargaron un par de TV movies.
El argumento de la primera tenía como protagonista a un insulso conductor que se ve perseguido por el mismo diablo, encarnado en un misterioso camión, a lo largo de un paraje desértico…os va sonando, no?
De nuevo impresionó a la cúpula de la Universal y le encomendaron la tarea de llevar a la gran pantalla un best-seller basado en una ola de ataques de tiburones blancos en las costas de California.
Tanto El Diablo sobre Ruedas como Tiburón son dos de las principales responsables de mis pesadillas relacionadas con películas que recuerdo de la infancia (sólo superadas por La Noche de los Muertos Vivientes de George A. Romero)
Bueno, y qué narices tiene que ver la ascensión de Steven Spielberg con J. J. Abrams? Voy, voy…ya lo ligo…
¿Os resulta familiar una serie de adolescentes protagonizada por una repelente niñita a punto de entrar en la universidad en el NY de finales de los 90, cuyo argumento solía ir del “Oh, cielos, soy tan especial que nadie me comprende” al “Jo, tía! He llamado a mi ex-novio al que puse caliente durante 3 meses y luego decidí que no estaba preparada para una relación y ha pasado de mí!!!…Qué cabronazo, no???( guiño, triple guiño,…ejem…)”?
Se llamaba Felicity, y no me preguntéis porqué, fué un éxito casi al nivel de Friends, o a la más cercana en estética Ally Mc Beal.
Ok, pues su creador era …Eeefectivameeente: J.J.Abrams, y su éxito le consiguió otra serie ya menos ligada a las tendencias televisivas de la época y más acorde con sus gustos e inquietudes: Alias.
La serie, protagonizada por la guapísima Jennifer Garner (hija del mítico James Garner) mezcló los géneros de espías y ciencia-ficción y fué un bombazo.
Eso le otorgó definitivamente carta blanca para su próximo proyecto, que resultó ser la enigmática historia de un grupo de supervivientes a un accidente aéreo que acaba en una ignota isla del Pacífico. Sí, amigos, hablo del mayor impacto televisivo desde Mulder y Scully; de la serie que está redefiniendo el concepto de historia a lo “continuará…” en la pequeña pantalla: LOST.
El éxito mundial es sobradamente conocido y me extendería en exceso si me lío a comentar Perdidos, así que sigo con la historia de J.J: Como era de esperar, saltó a la gran pantalla dirigiendo franquicias con solera como Mission Impossible y Star Trek (aún en producción)…y produciendo algo más cercano a su universo particular y a su piedra filosofal televisiva: Cloverfield.
Luego esta emergente carrera dibuja un claro paralelismo con la explosión de Steven Spielberg como uno de los popes del cine en general, y del género de ciencia ficción/aventuras en particular. Y no sólo eso, además coinciden en un modo realmente característico de tratar la acción y de crear ambientes con una magia especial…De ahí surge la osadía de mi afirmación inicial.
Si estamos o no ante el nuevo Spielberg sólo el tiempo lo dirá, pero hasta la fecha nadie se había acercado tanto a ese “sense of wonder” que tan bien sabía comunicar, sobretodo en los 70 y 80, aquel tipo de la gorra y las gafas con cara de despistado.
Vámonos centrando en el objeto de esta crítica. El secretismo que envolvió el proyecto desde el principio, junto a la posibilidad de ver una creación cinematográfica original del padre de Lost, creó una expectación sin precedentes en el fandom…y, como era inevitable, empezaron a surgir erupciones incontroladas de información a lo largo y ancho de Internet.
No obstante, la única página oficial relacionada con el proyecto fué:
En ella aparecen una serie de fotos con un código de tiempo, detrás de algunas de las cuales y efectuando una circunferencia con el ratón para voltearlas se pueden leer algunos mensajes relacionados con los personajes de la peli…Se ven escenas de animales marinos muertos, fotos de una noche de juerga, navíos militares, un cocinero japonés presentando un plato…pero nada sobre el argumento…solamente un inquietante “rooooaaaaaarrrgh” suena al cabo de unos 8 minutos de tener abierta la página.
Finalmente el teaser trailer se emitió sin título alguno, sólo viéndose algunas escenas inconexas de gente gritando, imágenes confusas…y concluía con la cabeza de la Estatua de la Libertad rodando en plena calle hasta quedar frenada ante unos atónitos neoyorquinos…Tirurirutiruriruuuuu. Emocionante, eh?
Los rumores corrieron como la pólvora de nuevo: Que si robots gigantes…que si un spin off de Perdidos…que si mostruos marinos…
Analizando toda la información dos referentes surgían por encima del resto. Las imágenes en 1ª persona y formato vídeo, y el argumento que dejaba adivinar algo enorme atacando New York concluían inevitablemente en Godzilla + Blair Witch Project.
Bien, una vez vista la peli atacaré la polémica reconociendo que la relación existe innegablemente, pero en mi opinión a las tres pelis las separa la misma distancia que a un Protos y un Don Simón. Los dos son líquidos, rojizos y contienen alcohol, pero creo que todos estaremos de acuerdo en que hay una “pequeña” diferencia, verdad? Pues las tres pelis igual.
Para empezar, Cloverfield se fundamenta en las relaciones humanas entre los personajes. Ése es su distintivo principal, y proviene del punto fuerte de Abrams y los colaboradores de prácticamente toda su carrera, el guionista Drew Goddard y el director Matt Reeves. Su marca de fábrica, que en Lost ha alcanzado su máximo esplendor, es poner de manifiesto la naturaleza humana en situaciones extremas, y a menudo sobrenaturales.
Esto descalifica la semejanza con Godzilla.
En relación al formato de falso documental, en este caso grabación casera, está plagado de detalles que realzan su realismo como cortes, interferencias, fallos de batería…etc.
Pero además, los planos se ejecutan con aire casual, amateur y sin embargo demuestran una maestría inusitada para captar las diferentes intensidades emocionales que se van sucediendo a lo largo de la trama, que en ningún momento resultan postizas.
La escena de la fiesta es un gran ejemplo de esto último jugando de forma magistral con los silencios para hacer sacar conclusiones al espectador sin necesidad de artificios.
Esto descalifica la semejanza con Blair Witch Project.
Añadir que la integración en la imagen de videocámara de los (espectaculares)efectos especiales me parece soberbia, y colabora (al contrario que de costumbre) para realzar el realismo de la cinta.
Un realismo al que ayuda sobremanera un elenco de actores totalmente desconocido que aporta una naturalidad en su actuación de verdad impactante.
Auguro un gran futuro inmediato a varios de ellos, especialmente a la súper sexy Lizzy Caplan (Marlena) que tiene una presencia en pantalla arrolladora.
El ritmo, con una sublime intercalación de momentos de demoledora tensión y accesos de intimidad entre los personajes (en especial los cortes de la grabación anterior sobre la que se supone se ha superpuesto la historia tocan mucho la fibra) consigue un equilibrio envidiable, sin perder de vista que tratamos el género de aventuras y ciencia ficción, por lo que la acción y avance de la historia son omnipresentes.
En definitiva, que las referencias al cine de catástrofes de los 70 y al cine de monstruos de los 90 son inevitables, pero Cloverfild y J.J.Abrams brillan con luz propia y ambos tienen un futuro prometedor. Sí, ambos… escuchad al revés el fragmento de emisión de radio que se oye al final de los créditos y me entenderéis…jejejejejejeeeeee…va, para los impacientes ahí podéis escucharlo:
“PUEDO DARTE LAS MATRÍCULAS DE TODOS LOS COCHES APARCADOS AHÍ FUERA, SÉ QUE EL TIPO DE LA BARRA PESA 80 KG Y SABE DEFENDERSE, QUE EL MEJOR SITIO PARA ENCONTRAR UN ARMA ES LA CABINA DE ESE CAMIÓN Y QUE A ESTA ALTURA PUEDO HACER UN SPRINT DE 400 M SIN QUE ME TIEMBLEN LAS PIERNAS…CÓMO PUEDO SABER TODO ESO Y NO SABER QUIÉN SOY???…”
Esta frase resume el espíritu y el secreto del éxito de la mejor serie de espías que se ha parido para el cine en los últimos 25 años.
Correcto, lo habéis visto bien, esta crítica va a ser ultraentusiasta y por tanto deberéis aplicar el factor de corrección necesario para disfrutar de un punto de referencia objetivo. Avisado queda.
Nunca hubiese imaginado que de un escritor de best sellers de espionaje, Robert Ludlum, pudiese resultar un trabajo tan redondo, creíble, y que se convirtiese en inmediato punto de referencia para el género.
Me enfrenté a la primera parte de la trilogía con enorme recelo, quizá por eso es de la que guardo mejor recuerdo, ya que una vez revisitadas, debo reconocer que las tres hacen gala de la misma calidad.
Mis reservas provenían de un concepto que como casi todos había disfrutado en mi infancia, pero que ya hacía años que se había convertido en una parodia de sí mismo (si hubo algún momento en que no lo fué): James Bond.
Gracias a Alfred Hitchcock las coincidencias acabaron en el género de espías y las iniciales JB.
Poco a poco te vas dando cuenta de que hay algo que te absorbe, y dejas de pensar en qué fué exactamente lo que dijiste para ofender a tu novia, como me suele pasar en este tipo de películas, para darle vueltas a cómo acaba un tipo flotando inconsciente frente a las costas de Génova, siendo rescatado por un pesquero y descubriendo que sufre amnesia.
Empezando por la banda sonora.
Enorme sorpresa me llevé al investigar sobre el compositor, John Powell y encontrar títulos como Shrek, Ants o Ice Age II, que son absolutamente respetables pero con ese curricilum hubiese sido el último individuo al que se me ocurriría encargar la bso de una peli de acción.
Sorpresa, porque parece que haya pasado toda su vida creando ambientes de suspense y porque consigue algo realmente difícil en este tipo de géneros: Permanecer a un nivel casi inconsciente para aparecer en primer plano en momentos de tensión clave.
A continuación llama la atención otra de las claves de la trilogía: La verosimilitud.
Frente a las construcciones faraónicas, hoteles de chorrocientas estrellas y concept cars futuristas que suelen poblar las historias de espías, te encuentras con puertos y estaciones perfectamente reconocibles (básicamente porque son escenarios reales), hoteles enmoquetados con mal gusto, vespas y minis (de los viejos ambos).
Esto, junto a un nivel de la tecnología mostrada muy cercano a la realidad, (con contadas excepciones) e incluso desfasado en algunos aspectos contribuye a crear una sensación de familiaridad que consigue una inmersión sin reservas en la trama.
Una trama que ejecuta religiosa y ordenadamente todos los pasos para construir una buena historia: Presenta personajes con entidad y motivaciones, crea situaciones que les hacen avanzar y evolucionar, con explicaciones creíbles y consecuencias coherentes para cada uno de los peldaños que llevan a una conclusión final que, si se han cumplido estos pasos, debe provocar un sólo pensamiento en el espectador: “Eso es lo que tenía que pasar”.
Aún con este óptimo caldo de cultivo, generar un thriller de acción realista tiene una gran dificultad: Mantener el ritmo.
Y amigos, el ritmo que consiguen tanto Doug Liman en Identity, como Paul Greengrass en Supremacy y Ultimatum es A-CO-JO-NAN-TE.
La acción fluye con naturalidad de Génova a Zurich, París, Moscú o Londres, tomando ventaja de contar con localizaciones reales para resultar casi en road movies pero con escenarios urbanos que destilan adrenalina al llegar a dos de los hitos de la serie: Las persecuciones y las peleas.
La persecución protagonizada por un Mini Cooper desvencijado por las calles de París es ya historia del cine que sonrojaría de envídia a John Frankenheimer.
Las peleas cuerpo a cuerpo en habitaciones de hotel y huecos de escalera, así como los tiroteos y persecuciones a pie (la de Tanger en Ultimatum es cojonuda) con una milimétrica coreografía, rodaje cámara en mano y montajes speedicos, han creado escuela. (De hecho, el salto de calidad que ha dado la serie de 007 en su reinvención con Daniel Craig es muy deudor del estilo Jason Bourne).
Para apuntalar todo esto, sin embargo, se necesita algo que no se encuentra fácilmente: Actores protagonistas de calidad y con carisma, pero que no sean estrellas de primera línea que desvíen la atención del espectador, para poder poner toda la intensidad en el desarrollo de la trama.
Pues señores, si les hablo de Chris Cooper, Brian Cox, David Strathairn, Scott Glenn, Albert Finney, Joan Allen, Franka Potente, Clive Owen, Julia Stiles, Karl Urban y finalmente Matt Damon, seguramente tendremos serios problemas para identificar a bote pronto una sola peli con alguno de ellos como protagonista en plan estrella.
No obstante, todos y cada uno de ellos tiene una indiscutible calidad y varios de ellos irradian carisma. A gusto personal añado que algunos de los más veteranos aportan, además, una clase que en el star system contemporáneo es una rara avis.
Me detengo a destacar a Matt Damon. Creo que con otra elección de protagonista la serie hubiese tenido un tono radicalmente diferente, que no se hubiese alejado tanto de las obras del género realizadas hasta la fecha.
Aunque sea más mérito del director de cásting que suyo, es una elección perfecta como espía al tener una apariencia ciertamente insulsa, de hermano pequeño, o de tipo que trabaja en el despacho de al lado y te encuentras en la máquina de café.
Hasta Jason Bourne no ha sido nunca santo de mi devoción (quizás Talented Mr.Ripley se salva, no sé…) pero me quito el sombrero ante el desarrollo que hace de este personaje.
Comunica de forma fantástica tanto la sensación de desamparo debida a su amnesia, como la efectividad de un asesino despiadado que ejecuta sus movimientos de forma automática y natural, se trate de romper un cuello o de forzar una puerta.
Me ha devuelto las sensación de implicación con el personaje perseguido que le acerca a grandes como Robert Redford en Los Tres Días del Cóndor, Paul Newman en Cortina Rasgada o El Premio, o Steve McQueen en La Huída…Gracias señor Damon.
Bien, pues. Por último os diré que recomiendo ver las tres pelis de un tirón. Su ritmo lo permite y no se me ocurre mejor forma de elogio y recomendación.
LOABLE INTENTO DE ELEVAR EL LISTÓN DEL CINE ESPAÑOL
Si alguien puede hacerlo ése es Álex de la Iglesia.
Personalmente es el único director español (a la espera de ver el debut de Nacho Vigalondo: Los Cronocrímenes) del que me espero algo emocionante y cañero, después de ser decepcionado una y otra vez por Amenábar (lo siento: Abre los Ojos es pólvora mojada, Los Otros es un remake no reconocido aburridísimo y Mar Adentro es un episodio doble de un culebrón venezolano).
Por si alguien se lo pregunta descarto las peliculillas de “terror” de Jaume Balagueró porque lo único angustiante que contienen es la visión de la anoréxica Calista Flockhart.(Sí, incluyo REC, aunque ahora parezca sacrilegio).
Además uno se ve obligado a darle cancha a un tipo simpático porque sí, que hace lo que le sale de los michelines pero mantiene honestidad total para con el espectador y lo que es más importante: Consigo mismo.
Sólo hay que ver o escuchar cualquier entrevista (de las transcritas no me fío nunca) para percatarse de que este hombre es un apasionado del cine y que, habiendo obtenido ya un status que le permitiría, como a compañeros coetáneos, convertirse en una sanguijuela de los media y las subvenciones (oficiales o no) con la única exigencia de mantener cierto nivel de comercialidad, ha decidido hacer exactamente lo que le gusta. Sean cuales sean las consecuencias.
Resultado: Un cine que puede gustar más o menos, puede tener altibajos de calidad, pero que tiene una personalidad indomable.
Este señor va a conseguir grandes cosas.
No desprecio sus trabajos hasta la fecha, todo lo contrario, pero si algo me ha gustado de esta película es la promesa que representa.
Con este trabajo Álex de la Iglesia nos está diciendo que está preparado para jugar en Primera División. Que tiene equipo para, en una o dos temporadas empezar a ganar títulos.
Igual me equivoco, pero diría que entre sus próximas tres películas va a haber mínimo una que haga Historia.
Pero tendrá que elegir con más cuidado la historia que quiere contar, pues la que nos ocupa es ciertamente débil.
Entiendo que se sintiese emocionado con este relato, porque la premisa y el arranque de la trama son fantásticos. Sin embargo, conforme avanza desarrolla la Enfermedad del Best-Seller: Flaccidez argumental paulatina, degeneración progresiva de la verosimilitud en la motivación de los personajes, precipitación y poca atención al detalle en la resolución de la trama. Causa habitual de la muerte: Indignación del lector tras haberse tragado cientos de páginas para encontrarse con un desenlace digno del peor episodio de Colombo.
Luego, la peli es infumable? Nada más lejos. Entonces?
Pues que tiene cosas de las que disfrutar.
Tiene una fantástica fotografía que capta y comunica maravillosamente el ambiente ineludiblemente británico de una historia de misterio de estas características.
Uno de los pasos adelante del director: Un magistral y oportuno manejo del travelling, cuyo cénit es un plano-secuencia digno de Robert Altman.
Esto, unido a una destacable precisión en el encuadre, que permite disfrutar mucho de la actuación en primer plano de alguno de los actores, realmente te hace soportar la endeblez de la trama.
Reproches no achacables a la novela: El casting.
John Hurt es un monstruo. Punto. Se le disfruta.
Leonor Watling una diosa, pero no es su mejor trabajo, está como desubicada, y no tiene feeling con el resto de actores.
Elijah Wood. No voy a hablar de encasillamiento, lo que me jode es que este chaval lo único que sabe hacer como actor es arquear las cejas y poner cara de “creo que me he hecho caquita”.
El actor que hace de matemático ruso freak, desconocido para mí, está genial, muy divertido.
Aparece algún que otro actor con mucho ofício, pero es que en general el problema es que no encajan entre ellos. Como si formasen parte de películas diferentes.
El ejemplo más claro es ver juntos a Elijah Wood y Leonor Watling: Es que casi entra la risa al ver en la escena de cama la desproporción de presencia y carga sexual entre los dos.
Vale la pena verla, pues? Sin duda, aunque sólo sea como inversión a medio plazo para poder disfrutar con los próximos trabajos de Álex de la Iglesia.
ALFRED HITCHCOCK ESTÁ VIVO, HA PERDIDO 40 KG, LE HA SALIDO ALGO DE PELO Y AHORA LE DA POR LLAMARSE DAVID FINCHER.
Buf! Todavía estoy en tensión después de el visionado de este pedazo de thriller. Bien, quizás tensión no sería la palabra : Punzante curiosidad en inexorable progresión, diría yo…Ni thriller, ya puestos. Intentaré explicarme tan bien como pueda…
Más que un thriller se trata de un híbrido entre las películas de misterio de toda la vida y un documental sobre una ola de crímenes: Agatha Christie más 60 Minutos (o Informe Semanal, como prefiráis)
Pero empezaré hablando de los sentimientos que evoca esta película a nivel de subconsciente cinéfilo e historia personal.
Os remito al periodo entre finales de los 70 y principios de los 80. El panorama televisivo en España a nivel de emisión de cine era un auténtico páramo. Sólo en muy contadas ocasiones surgía un destello de calidad más allá de westerns, bélicas y Los Bingueros.
Recuerdo buenas comedias de Billy Wilder los sábados por la tarde, algunos “estrenos” el sábado noche (aunque se trataba de films estrenados hacía un par de años mínimo).
Pero ante todo recuerdo los viernes por la noche. Una pipa humeante ante la poblada barba de José Luis Balbín, director del programa que moderaba un coloquio al término del pase, y una música aterradora que precedía la emisión de auténticas joyas del cine de los años 70.
Al tratarse de películas que debían suscitar un debate posterior a su emisión, y al ser ésta en la segunda cadena (segunda y última, para que los jóvenes os hagáis una idea de lo que era la época) no estaban sujetas a restricciones demasiado asfixiantes de temática, popularidad, o nivel de entretenimiento. Se daba, de hecho, un fenómeno casi opuesto: El criterio de selección se dejaba intuir al detectar en todas ellas un aroma de controversia y una cierta medida de análisis socio-político.
Para entendernos: Hoy día una película-tipo susceptible de ser emitida por La Clave sería Munich, para mí la obra maestra de Steven Spielberg (un día de éstos me encantaría comentarla).
Como resultado tuvimos la oportunidad de vivir algo casi inaudito en la época: Intelectuales procedentes de varios campos (decir librepensadores sería quizá demasiado osado) lanzando opiniones por las que pocos años antes probablemente hubiesen sido censurados, sino algo peor. Quién sabe, puede que exagere…o puede que no.
Pero al fin y al cabo yo era un crío por aquel entonces, así que los debates me parecían la mayoría un coñazo insufrible, como es natural.
Ah! Sin embargo las pelis…Eran de ésas que te obligan a meterte en su mundo particular. De las que generan vocaciones. Y no me refiero a acabar la peli queriendo pilotar un Spitfire, llegar a la Luna o cabalgar hacia el sol poniente. No hablo de pulsiones efectistas que duraban lo que un subidón de azúcar, ni de películas que se explicaban a los compañeros durante el recreo y estaban vigentes hasta la del siguiente sábado.
Hablo de una sensación que quedaba insertada bajo la piel, latente hasta encontrar una vía de escape posiblemente años más tarde, como un virus
dormido que aprovecha un bajón de defensas para recidivar.
Hablo de ver Todos los Hombres del Presidente y saber que quieres ser periodista, si no explicar historias. Escribir. Narrar lo que vives, o lo que quieres vivir.
Ése es el tipo de mundo en el que te mete Zodiac.
Y ése es el tipo de sensaciones que surgen al verla, dado que relata una historia que tiene mucho que ver con la implicación hasta las últimas consecuencias de los personajes con sus respectivas obsesiones.
Y eso no hubiese llegado a tan buen término con otro director menos meticuloso que David Fincher, porque tratándose de obsesiones es crítica la importancia que se da a los detalles. Y el tipo es un puto entomólogo.
Me ha parecido ver a Hitchcock tratando su película como a un velero en miniatura, blandiendo las pinzas e introduciéndolo con sumo cuidado en una minúscula botella.
El maestro del suspense se sentiría orgulloso (o contrariado si no celoso, vete tú a saber, porque este tío era la leche) al ver cómo Fincher nos expone el misterio de la historia presentándonos las piezas de un puzzle que van encajando una tras otra creando cada una mayor tensión que la anterior.
Pero si la historia hasta tiene su McGuffin hitchcockiano particular!
Y lo cojonudo es que es un giro tramposillo de la historia que al parecer realmente tuvo lugar.(Sin detalles, hay que verla).
Uno ve el ritmo, el montaje y se sorprende. Fincher es uno de mis favoritos, pero todos sus trabajos anteriores si por algo se caracterizan es por un ritmo frenético, una esquematización de planos imposible derivada de su etapa como súperestrella del mundo del vídeoclip, así como por unos movimientos de cámara espectaculares que te hacen cambiar de sala a través de una pared o de una cerradura de la que disfrutas todos los detalles de su mecanismo.
En esta ocasión hace alarde de una sorprendente sobriedad. Se diría que ha rodado sus planos en sets sumergidos en enormes tanques de agua que han ralentizado la exposición de la historia, que no la acción.
El resultado es un storytelling soberbio, de una elegancia exquisita. La acción se desarrolla a un ritmo pausado pero inexorable, implacable como una apisonadora hasta llegar a su demoledora conclusión.
A esto ayuda una recreación de época para quitarse el sombrero, que además en esta ocasión sí que te absorbe. Sin darte cuenta te ves en pleno San Francisco de 1979 investigando el asesinato de un taxista junto a una farola, o en una reunión editorial del Examiner.
Realmente estás ahí.
Si a eso le sumas una recreación de los asesinatos totalmente realista, y un ambiente de lo más fantasmagórico basado en la genial iluminación de todos los escenarios, concluyes que el señor Fincher comunica a la perfección el escalofrío recorriendo la columna vertebral que debía sentir todo hijo de vecino que vivió en esa ciudad durante los hechos relatados.
Cómo encajan los actores en la historia?
Como las piezas del mecanismo de un puto reloj suizo.
Todos y cada uno de ellos resulta en una perfecta sintonía con su personaje.
Robert Downey Jr. es el mejor periodista bohemio, alcohólico y dopado hasta las cejas que un director pueda desear.
Pese a no acabar nunca de aprovechar su tremendo talento tiene tal sobrante de carisma que consigue estar como casi siempre fantástico. Da un poco de rabia, porque es el equivalente al estudiante perezoso pero de gran capacidad que hace lo justo para sacar el curso adelante, pero es lo que hay: El tío es un crack, aunque sea un crápula.
Jake Gyllenhall comunica más con la mirada de lo que la mayoría de las últimas generaciones de actores juntos. Borda el papel de pringadillo que de repente se siente arrastrado por una obsesión incontrolable. (En otro orden de cosas: Hubiese sido el perfecto Peter Parker, versus el pazguato de Tobey McGuire, pero eso es harina de otro costal…)
Para el resto me sirve un comentario general: No acaba de destacar ninguno, pero todos cumplen a la perfección con el espíritu de sus personajes. Señalar que en un reportaje sobre el rodaje se descubren varios de los protagonistas reales de la historia y uno queda impresionado por la concordancia, más de espíritu que física (que también), entre actores y personajes.
Es una lástima que este año Zodiac no se vaya a llevar algún que otro Oscar. Se lo merece con creces, pero aún después de haber cantado sus excelencias reconozco que no es el tipo de peli que funcione para un público amplio, que sumado a una buena promoción entre los jurados es lo que suele acabar dando premios, el que diga lo contrario miente.
Traducido:Creo que es cojonuda, pero ni me extraña ni critico que algunos de vosotros la encontréis hasta aburrida, pues no es una historia cómoda y si no te capta desde el principio el ritmo y el detallismo de la trama pueden llegar a resultar tediosos. Hay que ser realista.